Cuaderno de Domingos al Piano

Cómo cambiar de tono un himno cristiano para principiantes de piano

Cómo cambiar de tono un himno cristiano para principiantes de piano: himnario abierto junto a un piano digital en una práctica de piano cristiano desde cero

Doce semitonos. Esa es toda la distancia que existe antes de que una escala se repita a sí misma, y durante mis primeros meses de piano cristiano desde cero yo ni sospechaba que esos doce pasos explicaran por qué un himno en La mayor me dejaba la garganta raspada cada domingo. El calor de Cali tampoco ayuda: las esquinas de las hojas del himnario se van enroscando solas con la humedad, y toca aplanarlas con la palma antes de que el ojo alcance a leer bien el pentagrama. No soy soprano, nunca lo fui ni en el coro del colegio, y perseguir un Do agudo que el papel exige, sencillamente, no me alcanza la voz.

Mi abuela tenía un piano vertical enorme que nunca se movió de la sala, y ella tocaba lo que veía en la página sin preguntarse nada más. A mí los tres sostenidos de La mayor todavía me cuestan, y una hoja llena de bemoles se siente como un idioma que entiendo a medias. Una tarde entre semana, después de cerrar una traducción que se había alargado más de la cuenta, salí a caminar por el bulevar del río Cali solo para despejar la cabeza, y entre el ruido del agua quedó claro algo sencillo: el problema no era mi oído ni mi disciplina, sino que la canción, tal como estaba escrita en el himnario, no estaba pensada para mi registro.

Himnario antiguo abierto con un clip sujetando las páginas, ejemplo de transposición de piano para himnos y coros

Cambiar el tono para aliviarle la voz a una canción

Encontré la función Transpose, que no es otra cosa que transposición digital, en mi Casio explorando botones una noche sin nada mejor que hacer. El manual habla de un rango de menos doce a más doce, y la primera vez que la usé sentí que estaba haciendo trampa, como si mover el tono con un botón me fuera a quitar algo de mérito. Pero una noche de lluvia fuerte en Cali, mientras el agua golpeaba las ventanas, me rendí a la idea de que esa función existe justamente para gente como yo: si el himno está en Mi bemol y mis dedos se enredan, bajo un par de semitonos, toco en Do mayor, y mi voz hace el resto del trabajo.

Antes de llegarle al Casio por mi cuenta, había comprado un curso grabado en oferta, de esos que prometen soltura en pocas semanas, y se quedó ahí, a medio terminar, en una carpeta del computador que ya ni abro. Rosalba, mi colega de traducción, que empezó guitarra por su lado casi al mismo tiempo en que yo compré el teclado, siempre fue escéptica de esos cursos en línea; decía que uno se matricula con el entusiasmo del primer día y lo abandona con la misma velocidad. No se equivocaba del todo. Lo que a mí me funcionó fue mucho menos estructurado: un botón, un himnario viejo, y la necesidad concreta de que la voz no me doliera un domingo más.

Mano presionando el botón de función Transpose en un piano Casio CDP-S110 para cambiar el tono de un himno cristiano

El botón no resuelve todo lo que necesito entender

El botón resuelve el problema inmediato, pero no resuelve que yo siga sin entender del todo por qué mover la mano hacia la izquierda en el teclado hace que todo suene más grave en el papel. Cuando el pentagrama me marea, termino apoyándome en cómo leer cifrado inglés en piano para tocar canciones cristianas, porque las letras sobre el renglón a veces me orientan más rápido que las pepitas negras solas. También me ha servido revisar mis notas sobre escalas mayores en el piano para acompañar coros e himnos cristianos, aunque sea despacio y sin prisa de dominarlas todas de memoria, que es lo más parecido a teoría musical básica que manejo por ahora.

Mis manos, acostumbradas más al teclado del computador que al de un piano, se cansan rápido cuando el himno tiene mucho movimiento de mano izquierda. Si la muñeca empieza a quejarse, paro ahí mismo; no me interesa ganarle nada a un hobby que se supone es para relajarme. Si alguien me pregunta, siempre digo lo mismo: el dolor de verdad no se aguanta, se consulta con un profesional, y yo aquí solo cuento lo que me pasa un domingo cualquiera, sin dar indicaciones médicas de nadie.

Teclas de piano junto a un cuaderno con anotaciones de acordes, apuntes básicos de teoría musical para principiantes

Leer cuatro compases antes de tocarlos

El gato se sube al himnario abierto casi todos los domingos, como si el papel tibio por el sol de la tarde fuera el lugar más cómodo del apartamento. Lo corro con la mano y sigo donde iba. Hacia la semana doce de ir y venir con el cancionero empecé a notar algo distinto: mis ojos ya leían cuatro compases antes de que mis dedos los tocaran, en vez de ir detrás de cada nota una por una. No fue un rayo ni una revelación, fue más bien como notar que ya no tropiezo con el mismo escalón de siempre.

Hace poco me escribió Clemencia, una lectora de Cali ya jubilada, preguntando por qué no explico de una vez el círculo completo de las doce tonalidades. Le contesté que a ella, con el piano vertical de su mamá sonando siempre un poquito desafinado en la sala, no le hacía falta memorizar las doce para disfrutar un himno el domingo; le bastaba con la que ya le sonaba bien. Ella estuvo de acuerdo, más curiosa por entender el porqué que apurada por aprenderse la teoría completa.

Escena de domingo con café y piano digital en una práctica de piano cristiano desde cero en un apartamento de Cali

Pequeñas victorias con el cancionero cerrado

Lograr una alabanza completa en un tono que no me raspe la garganta, sin perseguir una partitura que no fue pensada para mi voz, se parece a cerrar una traducción difícil justo antes de la hora de entrega: da esa calma de haber ordenado algo. Lo que me queda claro, después de este tramo con el Casio y el himnario viejo de la familia, es que no hace falta dominar las doce tonalidades para que un himno suene bien un domingo cualquiera; alcanza con saber cuál es el botón, o cuál es el acorde, que le devuelve la voz a quien lo canta. También me sirvió seguir cómo practicar con el himnario de gloria y triunfo piano para principiantes en los ratos sueltos de la semana, sin presión de terminarlo todo de un golpe.

Mi abuela nunca tuvo un botón de Transpose ni supo qué era un semitono en teoría, aunque los tocaba todos sin pensarlo. Yo sigo más despacio, con el himnario cerrándose solo si no le pongo un clip encima, pero el domingo vuelve siempre, y el piano espera callado en su rincón hasta el siguiente.

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