Un Casio CDP-S110 recién comprado suena a teclado de feria, pero el mismo aparato, con dos botones distintos, suena al piano viejo de una casa de verdad. Me lo pregunto cada domingo, cuando abro el cancionero de la iglesia antes de que suba el calor de la tarde en Cali. Soy una principiante sin formación de conservatorio, solo con un Casio CDP-S110 de 88 teclas y la costumbre de comparar cómo suena una misma frase con la configuración de sonido de fábrica y con la que ajusté por mi cuenta, a puro ensayo y error de práctica dominguera.
El CDP-S110 no tiene pantalla: es una barra minimalista de luces que no explica nada. Para cambiar cualquier ajuste hay que sostener el botón Function y, al mismo tiempo, tocar una tecla específica, como si fuera un código que solo el manual conoce. Es un piano liviano, pesa 10,5 kilos, y esa ligereza al principio me hizo dudar de si podía sonar a algo serio. El sonido de fábrica, el que trae por defecto, es el tono Grand Piano 1: brillante, nítido, casi metálico contra las paredes de un cuarto pequeño.
Dos personalidades dentro del mismo botón Function
Grand Piano 1 y Grand Piano 2 son, en la práctica, dos versiones del mismo instrumento. El primero es el que trae el Casio recién salido de la caja: brillante, con un ataque marcado, pensado para notarse claro incluso con más instrumentos de fondo. El segundo es más cerrado, más oscuro, con menos filo en los agudos. Para tocar solo los himnos del cancionero, sin nada más de fondo, Grand Piano 2 se acerca mucho más a un piano de pared antiguo, como el de mi abuela, con las teclas amarillas y un timbre apagado que perdona los errores.
La diferencia no está en el volumen ni en ecualizadores externos: el CDP-S110 ya trae balanceados los diez tonos que integra, y forzar el brillo desde afuera, conectando el piano a programas de edición en la laptop, por ejemplo, rompe esa mezcla en vez de mejorarla. Cambiar entre los dos Grand Piano lleva literalmente dos segundos: se sostiene Function y se toca la tecla correspondiente. Es una lógica parecida a la de mi experiencia aprendiendo piano solo un día a la semana en Cali: entre menos variables se manejan a la vez, más fácil es notar qué cambió de verdad. La pregunta real no es cuál suena "mejor" en abstracto, sino para qué sirve cada uno.
El Hall Reverb decide si tocas en un cuarto o en una iglesia
El segundo ajuste que cambia todo es el Hall Reverb, un efecto que simula el eco de una sala grande o de un templo de techos altos. Se activa también con Function más una tecla de la primera octava, y admite varios niveles de intensidad. Con el reverb apagado, cada nota del CDP-S110 suena seca, aislada, como si muriera apenas se suelta la tecla. Con el reverb al máximo, esa misma nota se queda flotando un rato más, con una cola que llena el silencio entre frases.
Para los arreglos de himnos, que suelen tener espacios largos entre una frase y la siguiente, esa cola de sonido es casi indispensable: sin reverb, esos silencios se sienten vacíos; con reverb, se sienten intencionales. La polifonía de 64 notas del modelo aguanta bien esa cola larga incluso con el reverb sostenido, así que no hay que preocuparse por que el sonido se corte a medio acorde. Cada vez que bajo el pedal de sustain, se escapa un clic mínimo contra la madera del piso, casi tapado por esa misma cola de reverb cuando está en el nivel más alto. La acústica del espacio también importa: en un apartamento de techos altos, el reverb al máximo se siente menos artificial que en un cuarto bajo y cerrado. Si vives en un lugar así, vale la pena leer sobre cómo organizar un piano digital en apartamentos pequeños de techos altos, porque cambia bastante cómo se percibe cualquier ajuste de sonido.
Subir el touch response sin forzar la muñeca
El tercer ajuste, el touch response, es el que más cambió cómo toco. El Casio viene de fábrica en un nivel medio: hay que apretar bastante para que suene fuerte, y basta un roce ligero para que suene débil. Lo subí al nivel 3, el más pesado que ofrece el CDP-S110, buscando esa resistencia de un piano acústico de verdad. El resultado fue inmediato: ya no hay margen para tocar sin intención, cada nota exige presión real de los dedos.
Quise acelerar ese cambio con ejercicios de Hanon, pensando que fortalecer los dedos rápido me ayudaría a acostumbrarme al nivel 3 sin esfuerzo. Terminé con la muñeca adolorida varios días y sin ninguna mejora real en el control del toque: el nivel pesado se aprende tocando despacio, no forzando repeticiones mecánicas. Cuando bajé el ritmo y dejé el touch response en el punto que de verdad me servía, empecé a notar algo distinto: podía leer cuatro compases completos antes de tocarlos, en vez de ir nota por nota como si estuviera deletreando la partitura. El sonido dejó de exigir tanta atención, y esa atención libre se fue directo a la lectura.
¿Cuándo conviene el ajuste de fábrica y cuándo el ajustado a mano en el Casio CDP-S110?
Después de tanto botón sostenido y tecla tocada a ciegas, la respuesta a la pregunta del principio no es una sola configuración ganadora, sino saber cuándo usar cada una. El ajuste de fábrica, Grand Piano 1, touch response medio, reverb apagado o bajo, sirve mejor para practicar técnica pura: escalas, acordes sueltos, cualquier ejercicio donde necesito escuchar con precisión si una nota quedó limpia. Es un sonido directo, sin adornos, que no disimula nada.
El ajuste manual, Grand Piano 2, touch response en nivel 3, Hall Reverb cerca del máximo, sirve para tocar de principio a fin, para que el cancionero de la iglesia suene como algo más que dedos sobre plástico. Caminando por el bulevar del río Cali antes de sentarme a practicar, pienso en esa misma lógica: el agua no suena igual cerca del puente que dos cuadras más abajo, y el mismo piano tampoco suena igual según qué botones dejé sostenidos la última vez.
Ninguno de los dos ajustes es el correcto todo el tiempo. Si estoy resolviendo un compás difícil, vuelvo al sonido de fábrica porque necesito oír cada error sin que el reverb lo tape. Si ya me sé la canción y solo quiero que acompañe el domingo, cambio a la configuración ajustada y dejo que el eco haga su parte. El Casio CDP-S110 no exige elegir un bando para siempre: exige saber, en cada sesión, para qué se está sentando uno frente al teclado.