Cuaderno de Domingos al Piano

Ejercicios de técnica para piano cristiano para practicar en casa

Ejercicios de técnica para piano cristiano en casa con un Casio CDP-S110 y el cancionero abierto

Veinte minutos es todo lo que le doy a la técnica de piano en casa, y con el Casio CDP-S110 tengo que decidir cada vez en qué gastarlos. Soy una principiante adulta que toca piano cristiano con el cancionero de la iglesia, así que mi respuesta corta es esta: los ejercicios sueltos sirven para un tropiezo concreto, y los fragmentos de canción sirven para casi todo lo demás.

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Técnica de piano en casa: dos caminos para el mismo rato

El peso de las teclas del Casio me exige más intención que la vieja vertical de mi abuela, donde las teclas se hundían casi sin esfuerzo y el sonido era mucho más brillante. Llego al piano con las manos cansadas de editar texto, y esa resistencia al principio se sentía como una montaña. Por eso el rato de técnica no puede ser cualquier cosa: o repito ejercicios sueltos, sin canción, o saco pedazos del cancionero y los trabajo como si fueran ejercicios.

Al primer camino lo llamo ejercicios sueltos: escalas, arpegios, un dedo sostenido mientras los otros se mueven. Al segundo, fragmentos con dueño: una frase de un himno, la transición de un coro, la mano izquierda de una estrofa, repetidos hasta que dejan de estorbar. Los dos sirven, pero no para lo mismo.

Primer plano de las manos de una principiante adulta practicando técnica en las teclas del piano

Qué me dieron las escalas y los arpegios sueltos

Su virtud es que se miden solos. Si me pongo a subir y bajar un arpegio de Do mayor y el anular se queda pegado, lo sé en el primer intento; no hay nada que interpretar. Con las escalas pasa igual: el error es claro y lo puedo corregir muy despacio, casi al ritmo de mi respiración después de un día largo de trabajo.

Lo malo apareció al abrir el cancionero. Podía tener la escala limpia durante la semana y aun así tropezar en el mismo cambio de siempre, como si lo practicado no hubiera cruzado la puerta. Con tan pocos minutos disponibles, gastarlos en algo que no viaja a la canción me aburría antes de terminar. Algo parecido me pasó con una app gamificada de piano: la abandoné en el tercer nivel porque yo ya perseguía los puntos y no el sonido.

Gato sentado junto al teclado y el cancionero de himnos cristianos durante la práctica de técnica de piano en casa

El gato, por su parte, se instaló sobre el cancionero abierto y me tapó justo el compás que estaba repasando, como si opinara sobre mi falta de soltura. Lo que sí tengo claro es que el anular de la mano derecha es el que siempre se queda atrás; la independencia entre dedos y manos tiene su propio espacio en otras entradas del cuaderno, y acá solo cuento que la entreno dentro de los fragmentos.

¿Y si el ejercicio ya es un pedazo de himno?

Cuando sentí que mi práctica andaba sin rumbo, abrí el módulo de Aprende Piano Desde Cero Con Música Cristiana [El Que Sigo Yo]. No me pedía horas de teoría antes de tocar, y los ejercicios de técnica ya sonaban a canciones que conozco. Lo cuento como ejemplo del segundo camino, no como veredicto: es flexible más que estricto, y quien busque jazz o piano clásico se va a quedar corto.

Ahí cambié los ejercicios sueltos por patrones de acompañamiento que podía usar el domingo siguiente. Mi favorito es la progresión I-V-vi-IV en distintas inversiones, porque la mano va aprendiendo el mapa del teclado sin que yo lo mire; es como escribir en la laptop sin ver las letras, hasta que el cuerpo sabe dónde está el Mi bemol sin pensarlo.

Una amiga que hace cerámica en un taller pequeño del barrio me vio repetir el mismo giro una y otra vez y dijo que con el barro es igual: se repite la forma hasta que la mano deja de preguntar. Un rato después terminó el coro y las dos manos ya estaban del otro lado del puente, sin un solo tropiezo; ni me enteré de cuándo pasó.

Mano abierta sobre una octava del piano mientras practico técnica en casa

Hay que cuidar la mano. La mía es pequeña, y llegar a la octava sin apretar ya cuenta como logro. Soltar la muñeca apenas termina cada pasaje me ayuda, y lo trabajo con lo que cuento en cómo aliviar el cansancio de las manos tras traducir y tocar. Si una molestia no se quita, paren y consulten a un fisioterapeuta o a un médico; no vale la pena lesionarse por un hobby.

Elegir según el tropiezo y no según el ánimo

El Megapack Tocando El Piano Desde Cero lo dejé en pausa. Trae teoría y ejercicios al teclado, pero el precio me pareció alto para el momento en que estoy, y prefiero algo que pueda retomar sin culpa si una semana cae una entrega pesada de traducción.

Con el volumen bajito, o con audífonos cuando ya es tarde, esos veinte minutos caben en casi cualquier hueco. Las hojas impresas del cancionero se ondulan en las esquinas con la humedad de Cali y no se quedan planas por mucho que las alise. Mi experiencia aprendiendo piano solo un día a la semana en Cali me ha enseñado que la constancia pequeña vale más que un esfuerzo enorme de un solo día.

Vista superior del piano digital Casio CDP-S110 usado para técnica de piano en casa

La regla que uso es esta. Si el mismo tropiezo se repite en el mismo compás y ya sé qué dedo lo causa, abro un ejercicio suelto: unos minutos, una sola cosa. Si el ejercicio ya sale limpio pero la canción sigue dura, o si no logro decir qué dedo falla, trabajo el fragmento del cancionero, aunque tarde más en aislar el problema. Y cuando llego con la cabeza todavía en un texto por entregar, gana el fragmento, porque al menos suena a algo.

Si estás empezando como yo, quizás te sirva echarle un ojo a este camino modular, que es amable con el tiempo de uno y está armado con canciones cercanas a las del cancionero, sin la presión de un conservatorio. Mi meta es más modesta que dominar todas las escalas: que el próximo domingo el mismo cambio de acordes no me tumbe.

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