Cuaderno de Domingos al Piano

Ventajas de usar audífonos para practicar piano en un apartamento pequeño

Practicar piano con audífonos en un apartamento pequeño de Cali

Tengo los audífonos puestos y las dos manos sobre las teclas cuando me doy cuenta de que llevo un buen rato repitiendo el mismo compás sin que nadie al otro lado de la pared se entere. Practicar piano en un apartamento pequeño de Versalles tiene esa ventaja rara: puedo sonar mal todas las veces que necesite, en silencio absoluto para el resto del edificio.

Antes de seguir, la parte de la transparencia: este texto tiene enlaces de afiliado, y si compras algo a través de uno la comisión me llega a mí sin que a ti te cueste un peso más. Solo menciono lo que de verdad uso, como el curso que sigo yo misma los domingos, porque llenar esto de recomendaciones que no probé no tiene sentido.

¿Por qué elegí audífonos para practicar piano en un apartamento pequeño?

Los muros de este edificio en Versalles no perdonan nada. El Casio pesa unos 10.5 kilos y aun así las notas bajas se sienten en el piso, como si cada acorde tuviera eco propio. Empecé a preguntarme cuánto de eso llegaba al apartamento de al lado, y la respuesta, probablemente, era: todo.

Fue por eso que conecté un cable de 3.5 milímetros a la salida de audífonos que trae el teclado atrás, más que nada por probar. Ahora practico casi siempre así, sobre todo entre semana, en esos huequitos que quedan cuando una traducción da tregua. Si estás empezando a moverte por este camino, hay un curso de Aprende Piano Desde Cero Con Música Cristiana que sigo yo misma, pensado para gente que abre el teclado los fines de semana y no todos los días.

Cable de audífonos conectado a la salida de 3.5 mm de un piano digital

La regla que me quedó de esto es simple: si es una hora en que cualquier ruido normal del apartamento molestaría, me pongo los audífonos; si es media tarde y el edificio ya tiene su bulla propia, toco con las bocinas abiertas sin pensarlo dos veces.

Practicar feo, practicar en silencio

Hay una fase que llamo la práctica fea. Es quedarme atascada en el mismo compás, fallando la misma nota otra vez, y volviendo a empezar sin ninguna gracia. Con las bocinas abiertas me da pena, como si alguien fuera a tocar la puerta a preguntar qué pasó.

Antes de que se me ocurriera lo de los audífonos había comprado un curso grabado en oferta que nunca terminé. Lo abrí un par de veces, avancé algo, y se quedó ahí, en una pestaña del navegador que ya ni recuerdo. Lo que sí funcionó, sin planearlo, fue esto: ponerme los audífonos y dejar que la práctica fea pasara sin testigos.

Hace poco iba pasando la página del cancionero a la mitad de un coro y los dedos encontraron el acorde solos, antes de que mis ojos terminaran de leerlo. No lo esperaba. Fue apenas un segundo, pero se sintió como una prueba de que algo de tanto repetir sí se está quedando.

Audífonos sobre el piano digital junto al cancionero cristiano abierto

Si algo saco de esto es que los audífonos sirven sobre todo para la parte fea del proceso, no para toda la sesión. Practicar en silencio te da permiso de trabarte todas las veces que haga falta sin sentir que alguien está llevando la cuenta de tus errores.

¿Se pierde algo importante cuando aíslas el sonido?

Una lectora de acá mismo en Cali, Clemencia Ospino, me escribió hace poco diciendo que en los años sesenta a nadie se le hubiera ocurrido meterse audífonos para aprender, que uno se formaba el oído escuchando el instrumento tal cual sonaba, sin filtro de por medio. Tiene parte de razón.

Cuando paso muchos días seguidos solo con audífonos, el día que toco con las bocinas abiertas el sonido se me escapa un poco, como si no supiera calcular cuánto peso ponerle a cada tecla. Hay domingos en que toco temprano, sin nada puesto, cuando el apartamento está vacío y el sonido rebota corto contra las paredes, casi seco, como si la sala se quedara más chica de lo que es. Ahí aprendo otra cosa: a calcular la fuerza por lo que veo y no solo por lo que oigo directo en el oído.

Las 88 teclas de este Casio tienen acción de martillo a escala, así que el golpe físico es real incluso con el volumen en cero. Quítate un lado del audífono a mitad de un ejercicio y vas a escuchar solo el chasquido plástico de las teclas bajando, sin ninguna orquesta detrás. Es un buen recordatorio de que el sonido bonito está en tu cabeza, no necesariamente en el cuarto.

Manos practicando en un teclado digital con acción de martillo

Mi regla ahora es no pasar demasiados días seguidos solo con audífonos. Si sientes que se te complica calcular la fuerza cuando por fin tocas con las bocinas abiertas, esa es la señal de que te toca alternar más seguido, no de que los audífonos sean el problema.

Cuándo suelto los audífonos

El chasquido de las teclas no se queda solo en mi cabeza. Viaja por la mesa hasta el piso, y a las horas raras eso también se nota, con o sin cable puesto. Por eso terminé teniendo que organizar mis sesiones de práctica para que los momentos de más energía, los que necesitan fuerza de verdad en la mano, queden en horas decentes y no tarde en la noche solo porque por fin hay tiempo libre.

Un cable corto también tiene su propio peligro. Una tarde me levanté rápido por café sin acordarme de que tenía los audífonos puestos, sentí el tirón seco, y el teclado se alcanzó a correr unos centímetros sobre la mesa. Desde ahí dejo el cable con más holgura, aunque eso signifique que se enreda con todo lo demás que hay sobre la mesa.

Taza de café junto al cable de los audífonos sobre el piano digital

La presión de las almohadillas en las orejas después de un buen rato también me avisa cuándo parar, aparte de cualquier reloj. Si notas dolor o cansancio raro en los oídos, esa es razón suficiente para bajar el volumen o quitártelos del todo, no para aguantar hasta terminar el compás.

Lo que preguntan las que recién empiezan con el piano cristiano

Rosalba, mi colega de traducción, me mandó un audio eterno un lunes preguntando si tocar con audífonos no me hacía perder la noción de qué tan duro le estaba pegando a las teclas. Le respondí que un poco sí, y que por eso trato de no quedarme ahí encerrada toda la semana.

Otras preguntan por cosas que no alcanzo a cubrir aquí. La independencia entre las manos da para su propio tema, igual que aprender a leer la partitura sin trabarse. El pedal de resonancia también tiene sus mañas aparte del volumen en los oídos, y si conviene más aprender de oído que seguir un método fijo es otra pregunta que me hacen seguido. Ninguna de esas se resuelve con un audífono.

Lo que sí puedo decir es que la vergüenza de los primeros intentos es real, sobre todo con algo tan expuesto como un himno que todos conocen. Me pasó exactamente eso tratando de entender cómo tocar himnos cristianos antiguos con arreglos sencillos: me daba pena que alguien más escuchara mis primeros intentos torpes, y los audífonos fueron el único lugar donde pude equivocarme sin que nadie llevara la cuenta.

El equipo básico que me alcanza por ahora

No hace falta nada sofisticado para esto. Un cable de 3.5 milímetros o unos audífonos comunes bastan para lo que yo hago los fines de semana, y no he sentido la necesidad de cambiar ese equipo básico por algo más caro.

Al final, para mí los audífonos no son solo un accesorio para no molestar al vecino. Son el permiso que me doy para seguir siendo principiante en voz baja, sin que eso se note afuera. Si andas buscando algo parecido, con calma y sin sentir que te piden ser experta desde el primer domingo, este curso es el que yo sigo, y sigue siendo lo único que de verdad he probado como para recomendarlo.

Rincón de práctica de piano digital en un apartamento pequeño de Versalles

Por hoy dejo el Casio así, cerrado, con el cable enrollado a un lado para no repetir el susto del café. Mañana hay traducciones pendientes, pero entre párrafo y párrafo seguro vuelvo a ponerme los audífonos un rato, aunque sea para tocar mal el mismo compás una vez más.

Aviso: La información de este sitio se basa en mi experiencia personal y se ofrece únicamente con fines informativos. No sustituye el asesoramiento médico, financiero o legal profesional. Consulta siempre a un profesional cualificado antes de tomar decisiones que afecten a tu salud o finanzas.

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